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Kohl  /  Tú creas el proyecto. Nosotros lo transformamos.

Un trozo de nuestro mundo

Piense en su futuro, le pertenece.
Posted by, admin on 25-marzo-2014

Nuestra vida se compone de tres estados temporales, solamente tres: presente, pasado y futuro. Es cierto que de estos tan sólo conocemos con certeza los dos primeros. El pasado, que nos pertenece por derecho legítimo y está ligado a nuestra experiencia personal de los actos, nuestras memorias y recuerdos. Y el presente, que aparece y desaparece ante nosotros como ese efímero compañero de viaje que va gestándose en la medida que nuestros pasos se encaminan por una senda u otra. “La vida es eso que nos pasa mientras hacemos otros planes“, decía John Lennon. Eso es exactamente la vida, nuestro pasado y presente preñados de actos (algunos más arbitrarios que otros), nacidos del imperturbable devenir de los acontecimientos hacia el futuro.

Le propongo un ejercicio sencillo al otro lado de la pantalla. Piense en su presente, en concreto en aquellas cosas que le gustan de él, aquellas que quiere, y, a continuación, piense en aquellas que no. Supongo que podría confeccionar una amplia lista con ambas opciones. Ahora haga el mismo ejercicio con su pasado, piense en aquellas cosas que eligió y que volvería a hacer, después en aquellas que por el contrario no repetiría nunca más en el futuro (y presente).

Lo normal es que hasta este punto no haya encontrado ningún tipo de conflicto. Sin embargo, es posible que al trasladar este ejercicio al plano futuro se le presenten algunas incógnitas. Si desconoce aquello que va a querer transcurrido un tiempo, tampoco puede saber con exactitud aquello que no va a querer para sí. Lógico, ¿no le parece?, no obstante, todos nosotros sabemos (aunque no con total convicción y exactitud) aquello que vamos a querer en el futuro. Dicho de otra forma, todos soñamos e imaginamos cómo será nuestro futuro.

Anhelamos el pasado y soñamos con lo que está por llegar, ese es el filtro emocional que articula nuestra praxis como individuos que caminamos, nos socializamos y jugamos al canddy crush saga en el metro.

Servida esta ensalada teórica, la pregunta es sólo una: ¿cómo convertir nuestros sueños en actos voluntarios reales?, ¿cómo transformar el futuro soñado en nuestro presente vivido? No se trata de una pregunta trampa, y sin embargo, desde el principio trampas será lo que más encontraremos para alcanzar la respuesta. Esto es porque quizás se nos brinda un futuro cargado de imposiciones maquilladas con el color de las expectativas; “estudia con ahínco y triunfarás laboralmente“, “acepta las cosas como vengan y lucha por mejorarlas“, “sacrifícate y encontrarás la recompensa“.

Acaba de pensar en su presente y su pasado, en las experiencias que le agradan y desagradan de ambos momentos de su vida. Todo eso, unido a las actitudes, comportamientos y conocimientos que posee y despliega en su día a día conforma su zona de confort. Piense en ella como en un enorme castillo hinchable sobre el que usted está subido y del que no piensa (y le recomiendan) no bajarse.

Ir más allá de esa zona de confort entraña un riesgo. Quebrantar esa barrera, arriesgarse, significa perseguir aquellos sueños que posiblemente no tenían cabida en ese castillo de feria. Ver más allá, no tener miedo al cambio y luchar por lo que se quiere supone desplazar nuestro propio eje personal, asomarse a un abismo y lanzarse hacia lo desconocido.

Puede que Lennon quisiera haber dicho que “la vida es aquello que empieza a pasarnos cuando los demás dejan de hacer planes por nosotros”. Aquello que Tolstòi definía como felicidad “ese momento en el que dejamos de hacer todo lo que queremos y comenzamos a querer todo lo que hacemos.

Si le sirve de algo, apague el ordenador y piense en aquello que no ha pensado hasta ahora, ¿qué puedo hacer para cambiar mi vida hoy?, y, ¿de todo lo que se me acaba de ocurrir, qué es lo que realmente me apetece hacer? No se agobie, quizás no encuentre la respuesta inmediatamente y puede que mañana tampoco lo haga, pero comenzar por olvidarnos del ayer para encarar el hoy con más fuerza es, quizás, la mejor manera de alcanzar el éxito mañana.

 

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Eduardo Laballena

Ejecutivo de cuentas